Desde tiempos inmemoriales, España se ha caracterizado por ir a contracorriente, al revés del resto del mundo. Cuando en Europa imperaba el fascismo, en España jugábamos a los republicanos y cuando las democracias vieron la luz en Europa, España imponía un sistema totalitarista, fascista y autárquico. Hoy en pleno siglo XXI esto no ha cambiado. Veáse la sanidad madrileña.
Todos conocemos la delicada situación que atraviesa la sanidad pública en nuestro país. Admirada fuera de nuestras fronteras y desterrada por la política patria. Viendo las multitudinarias manifestaciones de batas blancas por Madrid, parece que la privatización solo le importa al personal sanitario. ¿Será verdad eso que dicen que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos?. Los madrileños parecemos no saber lo que significa gozar de una sanidad universal, gratuita y, sobretodo de calidad. Mientras primeras potencias sueñan con implantar ese modelo aparentemente utópico como es el caso de EEUU, nosotros lo hemos hecho realidad. Nos hemos convertido en el anhelo de medio mundo y lo estamos perdiendo sin luchar por ello. Mientras los usuarios blasfemamos contra los sanitarios que se manifiestan porque trastornan el servicio que nos deberían dar, otros como Barack Obama se dedican a contratar consejeros de la sanidad española para enseñarle al mundo que este sistema universal y que no hace distingos es posible. Mientras Alemania abole el inquisitivo copado, España lo implanta.
La España de salud para todos, toca a su fin sin que los usuarios estemos tomando un papel activo para defender la poca dignidad y calidad de vida que nos queda.







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